Tal vez la definición de pintura contemporánea sea una de las que más confusión crea, más bien por su ambigüedad. Al arte contemporáneo pertenecen pintores de finales del siglo XVIII y de principios del XIX hasta nuestros días. La etapa posterior al impresionismo y a las vanguardias, generó una crisis de identidad que se extiende hasta nuestros días.
Pero generalizarlo de esta forma sería totalmente injusto. De lo contrario genios como Murakami, Barceló, Klein, Antonio López, Warhol, Tapies, entre otros, no figurarían entre los artistas influyentes de la historia del arte.
Y en cada lugar existen personas que, sin estar en esa lista de seleccionados, dedican su vida a esa gran pasión que es la pintura y en la que evolucionan a base de conocimientos, de estudios, de experimentos, de instinto, de constancia, de toques geniales.
Personas dotadas de una capacidad superlativa para enfrentarse cada día a la creación de un nuevo amanecer. O, dicho de otra forma, a plasmar sobre una tela en blanco ese séptimo día de creación que Dios se guardó para su descanso.
Uno de esos seres es Pascual de Cabo, un pintor nacido en Alicante y que vive y compone entre Sevilla, Tánger y Mallorca.
Durante seis décadas Pascual de Cabo ha practicado principalmente con las disciplinas del arte impresionista, figurativo y abstracto.
Pascual ama y admira la pintura de Antonio López o Andrés García Ibáñez y la de Joan Miró o Edward Hooper de la misma manera.
Tanto en una materia como en otra ha sido determinante. Su muestra de la mano del Círculo de bellas Artes de Palma, “Exposición antológica 1961/2026” es un ejemplo de maestría, Un recorrido por la perspectiva pictórica de sus obras impresionistas y figurativas y que Pascual ha conceptuado como simbólicas.
Al mismo tiempo y en su inquebrantable defensa del artista versátil, Pascual se adentra en la pintura abstracta, sin hacer un esfuerzo sobrenatural, como si tal cosa, como pasar la página de un capitulo a otro.
Prescindiendo de la realidad, de la imitación de formas, traza líneas emocionales para describir otro tipo de lenguaje, el arte abstracto desde su visión heterogénea. Líneas, formas, colores, estética pura. Pascual se adentra en el universo de Klimt, Pollock, Rothko, De Kooning, Franz Kline, Arthur Dove, Julie Mehretu, y se revuelve cual experto marino en mitad de la tormenta.
A los siete años ya le mostró la primera obra a su madre y le hizo saber que quería ser artista. Ha recorrido Sudamérica de punta a punta, ha vivido en Nueva York, en Broadway, en Múnich, en El Salvador, en Mallorca, en Sevilla, ha viajado a medio mundo y ha pintado en cada uno de esos lugares.
Kairoi Art Digital Museum, reconoce la labor de este talento de la pintura contemporánea, exhibiendo en la plataforma digital una extensa muestra de sus piezas.
Guardo una frase de Pascual de Cabo que me comentó al final de una entrevista; Solo quiero pintar y cuando esto acabe seguiré pintando y en otras vidas, seguiré pintando.
Texto: Xisco Barceló